LLamen al sastre

Tras la resaca de este fin de semana y con las redes sociales activas y candentes todavía, no podemos dejar pasar la oportunidad de felicitar al gran Tiger por su enorme hazaña. Un deportista de leyenda por el que nadie habría vuelto apostar y que parece haber encontrado la piedra filosofal de Harry porque todo lo que ha logrado en cuestión de un año es digno de aplaudir.

11 años han pasado desde que Tiger Woods ganara su último grande en 2008, con aquella famosa imagen todavía viral en internet del Tigre golpeando la bola y cayendo arrodillado del dolor, aunque nunca se rindió.

Es difícil de entender el hecho de que el hombre que convirtió un deporte serio y “supuestamente elitista” en un deporte de masas; que elevó el caché del juego hasta obtener contratos multimillonarios; que lavó la imagen del juego hasta el punto de que ahora, allá donde vaya la PGA oigamos a los aficionados rugir y vitorear siempre que pueden a sus jugadores favoritos como si de un partido de futbol se tratara, todo eso fue gracias a Tiger Woods y muchos de sus detractores han aprovechado estos años sabáticos (que es como hay que tomárselo) para minusvalorar el legado del Tigre.

Pero como el refranero es muy sabio, por la boca muere el pez y queda claro que Tiger puede que no sea el número uno, pero sin duda esta devolviendo la ilusión por este deporte que tanto se había perdido y ahora volvemos a ver a los más pequeños motivados e ilusionados de la misma manera que lo estábamos el resto hace 20 años. Y es que eso es el efecto Tiger.

Con esta quinta chaqueta verde, Tiger Woods se acerca a la mágica cifra del “Oso Dorado” (Jack Nicklaus) y abre de lleno el antiguo debate sobre si será capaz de superar o al menos igualar los 18 majors que tiene en su vitrina el “Golden Bear”.

Hagan sus apuestas amigos, se ha abierto la veda y el Tigre esta de caza…